Retegi II, el juego que amplía la jaula
Frontón Astelena. Foto: Javi Fernandez
Frontón Astelena. Foto: Javi Fernandez

Retegi II, el juego que amplía la jaula


Julián Retegi ha sido cuatro veces campeón del 4 y ½.

Retegi II recogió sus tres primeras txapelas vestido de blanco, en un frontón blanco – años 1989, 1990 y 1991. Las reglas del juego habían cambiado muy poco desde 1945, únicamente el saque se había retrasado del 3 y ½ al 4.

Retegi II es el referente del juego a bote en la jaula, también llamado clásico, junto a Eugi, Nagore y Barriola y un Olaizola II en sus primeros años en la modalidad.

El juego a bote aprovecha toda la superficie de la kantxa, desde el frontis hasta el 4 y ½, amplía la jaula. Pegar largo, cortar largo. Pelotazo largo rozando el límite de la raya del 4 y ½, peloteo largo para madurar el tanto hasta dominar y acabarlo.

Para Retegi II, en el juego clásico, que no pasa nunca de moda, hay que buscar una forma de juego completo. Al pelotari clásico tal vez le falla el aire pero, como al que no tiene pegada y busca el aire, también tiene un fallo, que a bote no hace daño.

 Para el 4 y ½, según Julián, es fundamental tener buena cintura, saber doblarla y ser elástico porque esta modalidad exige elasticidad, pero elasticidad en movimiento. El saque, por ejemplo, fundamental en el individual, parece una cosa sencilla pero requiere esa elasticidad y ese movimiento de cintura.

 Yo siempre utilizaba la cortada constante buscando la raya. Con esta jugada, a los que jugaban de aire, que no era lo habitual, les evitaba. Mi táctica era esa, rasas constantes a la raya del 4 y ½, desplazarle al contrario y, en ese momento, la dejada.

 Para poder dirigir la pelota, hay que empalmarla bien. Para empalmar bien se requieren al menos dos cosas: una, asentar bien los pies en el suelo para que la fuerza no se pierda y, dos, flexionar un poco las rodillas.

 La distancia retrae y hay que recoger el golpe; al recogerlo, ya no se juega al cien por cien. Con esa pelota rasa, larga, aunque el contrario tuviera potencia suficiente para contrarrestar con una potencia mayor, le sacaba de la kantxa. Le volvía a machacar con esa jugada y al final, al rival que está siempre defendiéndose, terminas dominándole. Casi siempre, después de insistir con la rasa, terminaba el tanto de dejada al ancho o al rincón. De cinco veces que intentaba la dejada, tres de ellas eran tanto porque el tanto estaba ya maduro.

 Entrevista a Julián Retegi (marzo 2011)

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