El trinquete Moderno de Baiona: una arquitectura teatral
El trinquete Moderno de Baiona
Momento del Ángelus. Foto: @dabidargindar

El Trinquete Moderno de Baiona: una arquitectura teatral

El arquitecto Joseba Moraiz diseñó en 1997 este frontón, con la idea de convertir su cancha en un auténtico escenario. Quería que, como sucede en el tenis, ésta ocupara el centro y los espectadores la rodearan. Y que además, durante el juego, únicamente la cancha permaneciera iluminada. Con el público a oscuras la impresión de estar en un teatro sería aún mayor.

A los defensores del trinquete tradicional el proyecto no les cautivó; alegaron, entre otras razones, problemas de seguridad. Pero el criterio de Moraiz acabó prevaleciendo. Y hoy el trinquete de Baiona no es una sala de pelota sólo, sino, como el propio Moraiz afirma, es también una “sala de espectáculo”. Una sala con otros rasgos arquitectónicos que la dotan de una personalidad singular. Mencionemos los más relevantes:

La barandilla que une pasado y presente
El Trinquete Moderno
se construyó respetando la ubicación del trinquete anterior. Y, como una forma de homenaje a ese viejo frontón, Moraiz decidió conservar su barandilla de madera y colocarla en la galería superior del nuevo, donde se sientan los “apostadores”, aficionados que juegan entre ellos sin la presencia de corredores porque, como sabemos, la apuesta tradicional no es legal en Francia.

 Una ingeniería del vidrio
Moraiz también quería que las paredes del trinquete fueran de vidrio, como en las pistas de squash que estaba acostumbrado a diseñar, para acentuar la sensación de escenario de la cancha. Había trabajado con ingenieros ingleses, cuya gran aportación eran las sujeciones de los cristales, y éstos le ayudaron a superar las dificultades técnicas del proyecto. Porque las paredes debían ser duras y al mismo tiempo flexibles. Soportar sin romperse el impacto de los jugadores, incluso de los de mayor peso; y garantizar además que en su encuentro con el vidrio el comportamiento de la pelota fuera similar al de una pared de hormigón. Y la flexibilidad era fundamental también para la seguridad de los espectadores.

Se salvaron las dificultades y el Trinquete Moderno de Baiona presenta la extraordinaria característica de tener tres paredes de vidrio hechas a mano (una más que el frontón de París), de distintos espesores: 19 mm en el rebote y 12 mm en la pared derecha, salvo en la zona próxima al frontis donde el grosor es de 15 mm para que en las jugadas de dos paredes especialmente la pelota salga igual que de una de  cemento. Incluso el bajo chapa del frontis es de cristal.

 Un escenario de gran visibilidad
Superado el reto de la seguridad, Moraiz se centró en otra pieza clave para el buen desarrollo del espectáculo: la visibilidad de la pelota tanto para los jugadores como para el público. En el Trinquete Moderno de Baiona la pelota se ve, sin duda, maravillosamente porque el frontis es negro y no hay publicidad en el interior de la cancha.

Además, la cristalera de la cubierta cuenta con un sistema de persianas que se despliegan para garantizar que los pelotaris, jueguen de día o de noche, lo hagan en las mismas condiciones de luz. Hay que añadir que, como el bajo chapa es de cristal, los fotógrafos situados detrás tienen una visión panorámica de todo lo que sucede en la cancha y en la grada.

Todo ello convierte al Trinquete Moderno de Baiona en un gran teatro para la pelota, digno de sus mejores obras.

Waltari, campeón Master de trinquete. Foto: @dabidargindar
Waltari, campeón Master de trinquete. Foto: @dabidargindar

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